22 de Mayo

Biodiversidad a diferentes escalas: de los grandes mamíferos a los microorganismos del río Paraná

Día Mundial de la Biodiversidad


22 de Mayo "DIA MUNDIAL DE LA BIODIVERSIDAD"

De los grandes mamíferos a los microorganismos invisibles, el río Paraná es uno de los reservorios de vida más extraordinarios de América del Sur, del que también formamos parte. Hoy, 22 de mayo, en el Día Mundial de la Biodiversidad, celebramos esa trama de vida que sostiene al río y a quienes lo habitamos.
Con más de 3000 kilómetros de longitud y una cuenca que drena unos 2 millones de kilómetros cuadrados, el río Paraná es el segundo más caudaloso de América del Sur. Pero su importancia no se mide solo en metros cúbicos de agua. A lo largo de su recorrido por Brasil, Paraguay y Argentina, el Paraná alberga una riqueza biológica extraordinaria, moldeada por miles de años de historia evolutiva y por el dinamismo propio de los grandes ríos tropicales y subtropicales.

Un pulso que genera vida
Parte de la identidad del Paraná es su régimen hidrológico: el ciclo de crecidas y bajantes que inunda periódicamente su llanura aluvial. Ese pulso estacional conecta el cauce principal con miles de lagunas, arroyos y bañados, creando una dinámica red de hábitats que se expande y contrae con el agua. Para los organismos que habitan el sistema, esa variabilidad es una oportunidad y un desafío a la vez: distintos ambientes y estrategias de vida convergen en las adaptaciones que presentan ante los cambios.

Es precisamente esa heterogeneidad de hábitats la que explica la extraordinaria diversidad de especies que alberga el Paraná y sus humedales asociados.

Peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos: la biodiversidad que se ve

El río Paraná concentra una de las ictiofaunas más ricas del mundo. Dorado, surubí, pacú y sábalo son apenas algunos de los nombres más conocidos de un elenco de más de 700 especies de peces que habitan en el Paraná y sus tributarios, muchas de ellas endémicas. El Paraná es además una vía migratoria crítica, como por ejemplo para el dorado, que recorre cientos de kilómetros entre sus sitios de reproducción y alimentación siguiendo el pulso del río.
En sus márgenes y humedales asociados viven yacarés, tortugas, ranas, carpinchos, coipos, lobitos de agua y, más raramente, el amenazado cardenal amarillo. El Paraná es también un corredor fundamental para aves migratorias, con humedales que funcionan como sitios de descanso y alimentación para especies que viajan entre el hemisferio norte y el sur.

El mundo oculto entre raíces y sedimento
Menos visibles pero igualmente fundamentales son los macroinvertebrados acuáticos: insectos, moluscos, crustáceos, anélidos y otros organismos que habitan los fondos, las raíces sumergidas y los troncos en descomposición. Son el eslabón que conecta la materia orgánica con los peces que se alimentan de ellos y funcionan como bioindicadores del estado del ecosistema: su presencia, ausencia o abundancia refleja la calidad del agua y la salud del ambiente. La diversidad de macroinvertebrados del Paraná varía con el pulso hidrológico, con el tipo de sustrato y con la conectividad entre el cauce y la llanura aluvial, lo que los convierte en un grupo especialmente sensible a los cambios ambientales.

La base invisible que sostiene el sistema
Además de todo ese mundo visible, existe otro igualmente importante y mucho menos conocido: el de los microorganismos. En cada mililitro de agua del Paraná viven millones de bacterias, arqueas, hongos, protozoos y algas que cumplen funciones ecológicas fundamentales. Son ellos quienes trabajan silenciosamente reciclando materiales, transformando restos orgánicos y ayudando a mantener el equilibrio del ecosistema . Sin esa base microbiana, la pirámide entera se derrumba. Hoy, el estudio de esa diversidad a través de técnicas de secuenciación del ADN ambiental, revela comunidades microbianas únicas en el Paraná, que cambian con el nivel del río, la temperatura y la cantidad de sedimentos en suspensión. Como los macroinvertebrados, los microorganismos son también indicadores sensibles del estado de salud del ecosistema y su monitoreo abre una ventana privilegiada para detectar cambios antes de que sean notables a simple vista.

Un patrimonio bajo presión
La biodiversidad del Paraná enfrenta amenazas múltiples y simultáneas. La deforestación en la cuenca alta reduce el ingreso de materia orgánica y altera el régimen hídrico. La agricultura intensiva introduce nutrientes y plaguicidas que modifican las comunidades acuáticas. La pesca no regulada presiona sobre poblaciones de peces que ya se encuentran al límite y el cambio climático está modificando la frecuencia e intensidad de las crecidas y las sequías, con efectos que aún se encuentran en proceso de comprensión.
En ese contexto, generar conocimiento científico sobre la biodiversidad del Paraná, es una forma de custodia. No se puede proteger lo que no se conoce.
Este 22 de mayo, el Día Mundial de la Biodiversidad nos invita a ampliar la mirada. La biodiversidad del Paraná son los dorados que saltan al amanecer, los camalotes que derivan con la corriente, las bandadas de garzas que sobrevuelan las islas, y también son los macroinvertebrados que habitan sus fondos y los millones de microorganismos invisibles que trabajan sin descanso para que todo eso sea posible.
Entender la biodiversidad del Paraná en toda su complejidad implica reconocer que las personas somos parte del sistema. Las comunidades ribereñas, puesteros, pescadores, sahumeras y pueblos que vivimos en sus márgenes hemos construído un conocimiento profundo del río a lo largo de generaciones. El pulso de agua organiza nuestras actividades, la pesca sostiene la economía y el río forma parte de nuestra historia e identidad. Celebrar esa diversidad es reconocer que la vida en el río es una trama compleja que permite que este gigante siga latiendo.

 

Autores: Paula Huber, Luciana Montalto, Agustin Tacca y Melina Devercelli